Con las vivencias a flor de piel, el recuerdo del famoso “No era penal”, y los archivos digitales desfilando en la pantalla de su tablet, Adid Jiménez comparte el detrás de cámaras de su cobertura en el mundial de Brasil 2014. A más de dos décadas de haber iniciado en el oficio, el reportero gráfico recuerda con precisión milimétrica los retos físicos, las tormentas y la enorme responsabilidad de capturar los momentos que paralizaron al planeta, incluyendo el histórico 7-1 Alemania vs. Brasil.

Morelia, Michoacán.- El silencio también se puede retratar, y a veces truena más fuerte que el grito de un estadio lleno. Adid lo sabe porque estuvo ahí, con los ojos bien pegados al visor, el 8 de julio de 2014 en el Estadio Mineirão. En la calidez de su hogar, mientras desliza los dedos por la tableta mostrando las capturas de aquella jornada, recuerda cómo la marea amarilla de Brasil se desmoronaba en vivo mientras Alemania acomodaba un histórico y brutal 7-1 en el tablero.

Para un fotógrafo que empezó curtiéndose en las canchas de tierra de la Liga Municipal en Policía y Tránsito de Morelia, aquel instante fue una revelación absoluta.
«Me tocó la contraparte, el Brasil contra Alemania. Era increíble cómo un estadio tan grande estaba en silencio. Yo no sé qué es más impactante: un estadio lleno que grita, o un estadio lleno en absoluto silencio. Dices: ¡híjole! Ahí es donde sientes la tremenda responsabilidad de estar tomando algo así. Para mí fue un peso enorme», relata Adid con una nitidez impecable.
La travesía para sentarse en la banda de un estadio mundialista en Brasil, sin embargo, comenzó mucho antes, entre el olor a tinta de periódicos y las lecciones rudas de su maestro, Gustavo Vega. Adid empezó en el oficio de los medios en mayo de 2003, justo el día que cumplía 21 años, entrando por un conflicto escolar al área de corrección de estilo de un diario local. Pero Gustavo se encargó de moverlo al área de fotografía.
Su primer día se quedó sin comer por la premura de las asignaciones, descubriendo ese “masoquismo” necesario para aguantar las jornadas del fotoperiodismo. Lo mandaron a cubrir charrería, natación y balompié amateur sin manual de instrucciones. Ahí aprendió que para fotografiar un deporte, primero hay que entender cómo se juega.
El verdadero salto hacia la rigidez de los torneos grandes ocurrió en casa, durante el Mundial Sub-17 de 2011, donde Morelia fue sede. Para capturar la gran final en el Estadio Azteca, donde México se coronó campeón, Adid tuvo que armarse de pericia: sin presupuesto del diario Provincia donde laboraba, le pidió permiso a su jefe inmediato por debajo del agua y viajó con sus propios recursos, su dinero y su Canon XT.

Esa disposición lo llevó, en 2012, a convertirse en corresponsal regional de la agencia Straffon Images, cubriendo la Liga MX en Querétaro, Toluca y San Luis, hasta que recibió el aviso de viajar a Brasil 2014.
De cargar 15 kilos bajo la tormenta a congelar el milagro de Memo Ochoa ante Neymar

Cubrir una Copa del Mundo desde adentro de la cancha es una prueba de resistencia física que empieza mucho antes del silbatazo inicial. Los retos no se limitaban a la rigidez de la FIFA, que obligaba a pasar filtros de seguridad estrictos y a llegar con hasta cuatro horas de anticipación, u ocho, como le tocó para la gran final en el Maracaná; el verdadero desafío era cargar con el peso del trabajo diario.
Adid tuvo que cargar más de 15 kilos de equipo, que incluían pesados lentes telefotos de 400 milímetros y cuerpos de cámara profesionales.
«Teníamos que cargar con todo eso. Para movernos, mi esposa y yo tuvimos que adaptar una maleta común de viaje, metiéndole esponjas por dentro para proteger las lentes de los golpes y de las tormentas», recuerda Adid.
Una vez librados los filtros, el esfuerzo continuaba en el terreno de juego, que se convertía en un tablero numerado. Antes de cada encuentro, los oficiales de la FIFA extendían un mapa y cada fotógrafo debía elegir su coordenada exacta en las bandas o esquinas, registrándose con un boleto numerado en el chaleco. El azar de esa elección, a veces, dicta si te toca el ángulo de la historia o la frustración de la distancia.
Ese mapa de posiciones le dio a Adid su momento más alto y su jornada más amarga en el mismo césped. La gloria llegó primero, cuando congeló el vuelo milagroso de Guillermo Ochoa desviando el brutal remate de Neymar. Aunque el fotoperiodista michoacano reconoce con honestidad que la toma la consiguieron varios colegas en la cancha, la suya tuvo el peso suficiente para convertirse al día siguiente en la portada de al menos dos diarios locales.
Sin embargo, el destino en la coordenada cambió el 29 de junio en el mismo Estadio Castelão, durante los octavos de final. Adid estaba ahí cuando ocurrió el famosísimo “No era penal” de Arjen Robben sobre el propio Rafael Márquez, la polémica jugada que sepultó las ilusiones de la Selección Mexicana en el último suspiro del encuentro.

«Te voy a ser bien sincero: no sé si era penal o no, porque yo estaba del otro lado», confiesa Adid con una sonrisa mientras repasa mentalmente la jugada. «La jugada ocurre del otro lado de la cancha y yo estoy de este lado. Veo caer a Robben, pero no tengo fotos que prueben si fue o no». El fútbol y las estrictas posiciones asignadas lo dejaron lejos del área, una distancia que en el fotoperiodismo se resiente por la distancia.
El mundo “fuera del rancho”.
Más allá del brillo de las portadas que al día siguiente replicaron su fotografía de la atajada de Guillermo Ochoa al remate de cabeza de Neymar en Fortaleza , la cual muestra con orgullo, la experiencia mundialista transformó la perspectiva personal del fotógrafo michoacano.


Convivir en las salas de prensa y en el césped con reporteros gráficos nacionales, así como de Japón, Europa y Sudamérica le enseñó que las distancias culturales se acortan cuando se comparte la misma pasión.
De las tierras brasileñas y sus posteriores coberturas en los Juegos Olímpicos de Río 2016, Jiménez no conserva arrogancia ni presunción por haber retratado a figuras de la talla de Lionel Messi a escasos metros de distancia. Prefiere recordar la hospitalidad y la calidez de los desconocidos, como aquel brasileño anónimo que le ayudó a subir su pesada e incómoda maleta a un autobús bajo la tormenta.

«A mí me sirvió de mucho de manera personal porque ahora entiendo que el mundo se ve muy distinto cuando sales de tu rancho. Empiezas a ver cosas tan diferentes y a conocer tanta gente, y descubres que no somos tan distintos al final. Yo le digo a la gente: salgan de sus colonias, sal de tu municipio, conoce a alguien de otro estado para que veas todo lo que hay y entiendas que no hay razón para odiarnos», concluye Adid.
Sobre la mesa quedan las imágenes digitales listas para el siguiente vistazo, mientras él resguarda con recelo la vieja Canon 7D, el testimonio físico de que la paciencia y la memoria exacta detrás del visor de un fotógrafo mundialista.


Fotos Asaid Castro/ACG y cortesía Adid Jiménez



