Morelia, Michoacán.- Una imagen puede durar apenas un instante, pero también convertirse en la memoria de un momento. Eso ocurrió con una fotografía capturada por Enrique Castro Sánchez durante el Mundial de Rusia 2018, una escena registrada en el Fan Fest de Moscú que, horas después, comenzó a compartirse en distintos países y terminó convirtiéndose en una de las imágenes más representativas de aquel torneo.
Después de decidir no entrar durante la inauguración del Mundial, se traslado al Fan Fest de Moscú, instalado en la Universidad de Moscú. El lugar reunía a miles de aficionados que seguían el torneo fuera de los estadios, por lo que ingresar no fue sencillo debido a la cantidad de personas que había. Una vez dentro comenzó a fotografiar el ambiente, la emoción y la convivencia entre seguidores de distintas nacionalidades.


La experiencia de años detrás de una cámara le permitió anticipar que algo podía ocurrir. Mientras observaba el movimiento de la gente esperaba el momento indicado, ese instante que muchas veces solo aparece por unos segundos. Cuando la escena ocurrió, hizo la fotografía y continuó trabajando sin imaginar la repercusión que tendría.
La imagen comenzó a compartirse esa misma tarde y rápidamente se difundió en redes sociales y distintos medios. Con el paso de los días, Enrique descubrió que la persona retratada era un integrante de la selección de basquetbol sobre silla de ruedas de Egipto. Al encontrarlo en redes sociales le envió un mensaje para contarle que él había tomado la fotografía y, desde entonces, mantuvieron contacto durante algún tiempo, aunque nunca volvieron a verse porque el deportista dejó Moscú.
Con el tiempo, el protagonista de la imagen también comenzó a ser reconocido en su país e incluso fue entrevistado a raíz de la fotografía. Para Enrique, ese es el verdadero sentido del fotoperiodismo: que las personas retratadas sean quienes reciban la atención y que la historia llegue a quienes la observan. Considera que el nombre del fotógrafo muchas veces pasa a segundo plano y que, cuando una imagen comienza a ser compartida por la gente, deja de pertenecer únicamente a quien la capturó para convertirse en una historia de todos.
Esa manera de entender la fotografía ya la había puesto en práctica cuatro años antes, durante el Mundial de Brasil 2014. Mientras buena parte de la cobertura se concentraba en los partidos, Enrique y un compañero decidieron dirigir la cámara hacia las historias que ocurrían fuera de los estadios. Documentaron manifestaciones sociales, recorrieron barrios alejados del centro de Río de Janeiro, entrevistaron a personas que vivían el torneo desde otra realidad y convivieron con personajes que difícilmente aparecían en las transmisiones deportivas.




Incluso permanecieron varios días en la casa de un amigo dedicado a elaborar globos de cantolla, experiencia que les permitió conocer otra cara de la ciudad y construir historias que iban más allá del futbol.
En Rusia el panorama fue diferente. Encontró un país con un ambiente distinto, sin las manifestaciones que había observado en Brasil, pero con miles de aficionados recorriendo las calles. Ahí también decidió mirar más allá de los partidos y encontró historias en los viajes en tren, las estaciones del metro, la arquitectura, las costumbres y la convivencia entre personas de distintas nacionalidades.


La barrera del idioma fue uno de los principales retos. Antes del viaje aprendió algunas palabras básicas en ruso para poder desplazarse con mayor facilidad, aunque reconoce que el sentido común también fue una herramienta indispensable para recorrer un país completamente distinto al suyo.
Con el paso de los años, Enrique también transformó su manera de ejercer el oficio. Hoy ya no busca producir fotografías de manera acelerada; prefiere detenerse, pensar qué historia quiere contar y utilizar distintas herramientas para lograrlo, desde la fotografía y el video hasta el audio, los drones y la escritura.
Después de más de dos décadas detrás de una cámara, Enrique mantiene la misma convicción con la que comenzó: una fotografía no solo debe mostrar lo que sucede, también debe ayudar a comprender por qué sucede.



Por ello, a quienes desean dedicarse al periodismo o la fotografía les recomienda leer, observar, escuchar y hablar con muchas personas. Considera que hoy cualquier teléfono puede tomar una fotografía, pero la diferencia está en desarrollar una mirada propia, investigar más allá del suceso y encontrar un rumbo que permita contar historias distintas.
Para él, salir a fotografiar sin un objetivo puede llenar años de imágenes, pero solo quien encuentra una dirección logra construir un trabajo que realmente permanezca.

Foto: Félix Madrigal/ACG.
Fotos Mundial: Enrique Castro



