Morelia, Michoacán.- Antes de llegar a la calle Cuautla, un ciclista abandona el espacio delimitado para bicicletas y continúa su recorrido sobre la avenida Francisco J. Múgica. No es el único: durante un recorrido se observó a otros usuarios hacer lo mismo para evitar lodo, grava, basura, desniveles y automóviles estacionados.

La ciclovía presenta dos panoramas distintos. En dirección de la calle Cuautla hacia la calzada La Huerta se encuentra en mejores condiciones y permite avanzar con mayor continuidad; sin embargo, en el sentido contrario el trayecto se convierte en una sucesión de obstáculos.
En algunos puntos, el lodo ocupa buena parte del carril y conserva las marcas dejadas por las llantas. Incluso, el pasto comenzó a crecer sobre la superficie destinada al paso de bicicletas. También hay piedras sueltas, grava y residuos que pueden provocar derrapes o dañar los neumáticos.

“Parece una verdadera pista de obstáculos. Hay zonas donde pasar es muy complicado por el lodo y tiene tanto tiempo sin limpiarse que ya hasta le está creciendo pasto”, relató un ciclista que utiliza frecuentemente esta vía y solicitó mantener su identidad en reserva.
El problema no termina con la falta de limpieza. En la zona comercial, varios automóviles utilizan como estacionamiento el espacio delimitado por los separadores verdes. Para continuar, los ciclistas deben rodear los vehículos e incorporarse momentáneamente a los carriles de circulación.

Uno de los puntos más delicados se localiza poco antes de llegar a la calle Cuautla. Ahí, lo que parece haber sido un intento por cubrir un bache dejó un montículo de asfalto en medio de la ciclovía. El desnivel obliga a reducir la velocidad o esquivarlo y, de acuerdo con el usuario, puede ocasionar una caída si sorprende a alguien distraído.
“Se supone que la ciclovía es para que podamos transitar de forma segura, pero con el estado en el que está no cumple esa función. En mis recorridos he visto a otros ciclistas que prefieren ir sobre la avenida antes que pasar por ahí”, señaló.

Mientras no se atiendan el lodo, los desniveles y la invasión de vehículos, el trayecto mantendrá dos realidades: un sentido relativamente transitable y otro donde el espacio que debería separar a los ciclistas de los automóviles termina empujando a algunos de ellos nuevamente hacia la vialidad.
Fotos y video: Alfredo Soria/ACG.



