Morelia, Michoacán.- El interés por la criminalística y la criminología suele comenzar de muchas maneras. A veces nace por vocación, otras por curiosidad y, en no pocos casos, por las series de televisión que muestran investigaciones complejas y escenas resueltas en cuestión de minutos. Sin embargo, la realidad que encuentran los estudiantes en las aulas y durante las prácticas es muy distinta.
Erika Yolanda, egresada de criminología y criminalística, conoce bien ese camino. Mientras comparte parte de su experiencia, explica que ambas disciplinas suelen confundirse constantemente, incluso entre quienes buscan estudiarlas. Aunque trabajan de la mano, señala que cada una tiene objetivos distintos y exige conocimientos específicos.








Su formación la llevó a conocer diversas áreas de especialización, desde la documentoscopía, grafoscopía y dactiloscopía, hasta procedimientos relacionados con la investigación de los hechos. Entre todas ellas, recuerda que el estudio de las huellas dactilares fue una de las ramas que más llamó su atención.
Pero más allá de los conceptos teóricos, lo que más recuerda son las experiencias que permiten entender la dimensión real de estas profesiones.
Durante sus prácticas colaboró con un perito particular, principalmente en investigaciones relacionadas con hechos de tránsito. Lo que para muchas personas podría parecer un simple choque, explica, en ocasiones termina involucrando pérdidas humanas, daños materiales considerables y procesos complejos para determinar responsabilidades.
Con esas experiencias también aprendió que el trabajo pericial requiere precisión absoluta. Desde el momento en que se llega a un lugar de los hechos existe un protocolo que debe seguirse cuidadosamente. El uso de equipo de protección, cámaras fotográficas, guantes, cubrecalzado, cofia y otros materiales forma parte de una labor en la que cualquier error puede alterar evidencias importantes para una investigación.
La observación minuciosa es fundamental. Cada indicio debe documentarse mediante fotografías, mediciones y registros detallados antes de ser trasladado para su análisis. En algunos casos, explica, los hallazgos son enviados a laboratorios especializados donde distintos peritos estudian muestras biológicas, documentos, huellas u otros elementos relacionados con la investigación.
Sin embargo, uno de los temas que más preocupa a Erika es la percepción que existe entre muchos estudiantes sobre el campo laboral. Durante su formación observó que algunos compañeros llegan a pensar que la única oportunidad de empleo se encuentra dentro de la Fiscalía.
“Esa idea termina limitando a muchos jóvenes”, considera. Asegura que existen otras posibilidades de desarrollo profesional, como el trabajo con peritos particulares, agencias de vehículos, aseguradoras y diversas áreas especializadas que requieren conocimientos forenses.
Las experiencias más difíciles, sin embargo, no siempre ocurren en las aulas.
Aunque ella no realizó prácticas directamente en la Fiscalía, escuchó testimonios de compañeros que participaron en levantamientos de cuerpos y en investigaciones complejas. También tuvo la oportunidad de presenciar situaciones que le permitieron comprender el impacto emocional que puede generar esta profesión.
Entre los recuerdos que más la marcaron está el caso de una menor víctima de violencia. La experiencia, cuenta, le hizo comprender la importancia de mantener el profesionalismo sin perder la sensibilidad humana.
Para ella, uno de los principios más importantes es recordar que detrás de cada investigación existe una persona y una familia. Por eso considera indispensable actuar con respeto hacia las víctimas y empatía hacia sus seres queridos, aun cuando el trabajo exija mantener serenidad y objetividad.
Esa carga emocional es una de las razones por las que recomienda a los estudiantes y profesionistas buscar apoyo psicológico cuando sea necesario. Señala que la exposición constante a situaciones difíciles puede generar ansiedad, afectar el descanso o dejar secuelas emocionales que deben atenderse de manera adecuada.
A pesar de los retos, Erika observa que cada vez más jóvenes se interesan en estas carreras. Algunos llegan atraídos por el morbo o la imagen que proyectan las producciones televisivas, pero muchos terminan descubriendo una profesión que exige disciplina, preparación constante y un fuerte compromiso ético.
Actualmente, mientras espera la entrega de su título profesional, continúa involucrada en el ámbito pericial y en la orientación de estudiantes que buscan material especializado para sus prácticas. Desde esa experiencia insiste en un consejo para quienes desean seguir este camino: investigar bien las opciones académicas, conocer las diferencias entre cada carrera y entender que el aprendizaje no termina al salir de la universidad.
Porque detrás de cada huella, cada evidencia y cada investigación, hay una profesión que demanda mucho más que curiosidad: exige preparación, responsabilidad y la capacidad de enfrentar realidades que pocas veces aparecen en la pantalla.
Fotos: Félix Madrigal / ACG.



