La diplomacia ha muerto, larga vida a la posverdad
“Toda guerra se basa en el engaño” Sun Tzu
Al-Malik al-Nasir Salah al-Din Abu’l Muzaffar Yusuf ibn Ayyub al-Tikriti al-Kurdi, aquel hijo de Ayyub que en el nombre nos revela ser oriundo de Tikrit (Irak), de etnia kurda, y que llevaría el epíteto de “Salah al-Din”, que se interpreta como “rectitud de la fe”, y al que occidente habría de admirar como Saladino, figura casi mitológica a la que le fueron reconocidas sus amplias virtudes, que iban desde la pericia militar, hasta la religiosidad, y sobre todo, la humildad, la justicia, el honor y la piedad, un maestro inequívoco de la diplomacia imperial.
Con el ascenso de su imperio, el sultanato Ayubí, Saladino comenzó a cercar a los estados invasores católicos afianzados en la Tierra Santa; tras décadas de conflicto y el desgaste propio por las guerras fraternas contra los chiies, los sarracenos y los cruzados signaron una tregua “debidamente firmada y jurada” como dirían las fuentes de la época; la cual, fue minada debido a la ya muy estudiada acción material de dos figuras funestas, Guido de Lusignan y Reinaldo de Châtillon, quienes se encargarían de atacar las caravanas que viajaban de Egipto a Siria, un punto neurálgico del comercio y la economía de la región. Finalmente, Jerusalén caería a manos de Saladino y Guido y Reinaldo acabarían presos, perdonado uno y degollado el otro a manos del sultán, escena que recoge de manera magistral Ridley Scott, en la bellísima edición del director de Kingdom of Heaven.

Dos emperadores caminan de frente hacia el patíbulo de medios que los espera al final del arcoíris sanguinolento que la alfombra carmesí vomita bajo sus pies, de la nada, los cirros y estratos colapsan de golpe, un mamotreto de titanio y aluminio irrumpe en la escena; lo escoltan cuatro jinetes f35 vomitados desde las entrañas de los calabozos manufactureros de Lockheed Martin.
En agosto de 2025, en el antiguo territorio del Imperio Ruso, Anchorage, Alaska, Vladimir Putin y Donald Trump, ambos mandatarios y sus oficinas de prensa, informaron mas o menos lo mismo, los jefes de estado, habían dialogado por horas y anunciaron un entendimiento, un acuerdo, una formula para la paz, si bien no firmaron nada, los lideres habían cedido en peticiones y un camino al fin de la guerra había sido dibujado, los rusos pasarían a llamar dicho entendimiento como el “espíritu de Anchorage”.
Sin embargo, tras la cumbre de junio de 2026 del G7 en Francia, y tras una serie de ataques sobre le profundidad estratégica de Rusia, así como ataques de terror sobre las poblaciones civiles fronterizas a Ucrania, los rusos han dicho finalmente basta, lo que en principio pareciera una derrota diplomática para el presidente ruso se ha convertido tácitamente en un ajuste de ritmo sobre la guerra en el Dombas. Los rusos parecen finalmente haberse quitado los guantes y han comenzado con una serie de ataques sistemáticos sobre las gasolineras y estaciones que distribuyen combustible para la maquinaria bélica del títere Zelensky.
Marco Rubio, secretario de estado del hegemón americano, ha reconocido en una entrevista publica que no existieron tales entendimientos, negó que algo concreto se hubiese gestado en Alaska y sepultó por completo cualquier acuerdo alcanzado, por su parte, el ministro del exterior ruso, Sergei Lavrov, espetó que fueron los americanos en las personas de Wiktoff y Kushner, los enviados galácticos de Trump, los que trajeron una serie de propuestas a considerar para el lado ruso, listado que el mismísimo Putin habría prometido responder de manera personal en Anchorage. Finalmente, según Lavrov, Putín terminaría leyendo punto por punto, frente a ningún otro que Trump, Rubio, Wiktoff, Kushner, asó como de la delegación rusa, con los locales asintiendo tras cada lectura rusa.
Tras la guerra de agresión de Estados Unidos contra Irán, El Memorando de Entendimiento (MoU) fue firmado el 14 de junio de 2026 por medios digitales, y formalmente en papel el 17 de junio de 2026, después de un periodo de incertidumbre sobre el documento final, ambas delegaciones filtraron la versión definitiva, con prácticamente ninguna discrepancia, firma que estuvo a nada de descarrilarse debido a las amenazas hechas por Donald Trump contra la delegación diplomática iraní, y rompiendo uno de los puntos principales del documento, el que ninguna de las partes amenazaría a la otra. A escasas horas de su firma, declaraciones desde todo el espectro social y político de Israel, llamaban a desconocer o violentar dicho memorando, de igual forma, Trump continuó negando diversas partes del documento, los sionistas continuaron el asedio en el Líbano y el status quo del Estrecho de Hormuz se mantuvo en zozobra. Escasos diez días después hay intercambios kineticos entre americanos e iranís en lo que parece ser una reactivación del conflicto.
Keyes definió la posverdad como una época en la que “las fronteras entre la verdad y la mentira, la honestidad y la deshonestidad, se difuminan”. Hoy los Estados Unidos en la figura de Donald Trump, liberan la faceta más alevosa del imperio, deja detrás la mascara de cordero con la que la retórica americana dominó la era de la información, para erigirse como un poder absoluto que no solo es capaz militarmente de destruirte, sino de negar que lo hace y obligar a vasallos y satélites a repetir su mantra.
La guerra por el Dombas toca a su fin, con la caída de alevsandrievka, Kramatorsk está a tiro de piedra y con ella la ultima ciudad fortaleza, heredera de los bastiones soviéticos de allende. En Irán, tras las flagrantes violaciones al MOU, las bases del imperio esparcidas por la región sufrirán golpes devastadores y en el Líbano se librarán sangrientas batallas contra el ente invasor sionista, todo amparado ante la maquiavélica practica americana de apuñalar por la espalda, matar los emisarios y envenenar al mensajero. La era de la diplomacia occidental ha muerto.
“Si vis pacem, para bellum”
Gustavo Vega



