Imperia vol. 1

” Perseo se cubría con un yelmo de niebla para perseguir a los monstruos. Nosotros nos encasquetamos el yelmo de niebla, cubriéndonos ojos y oídos para poder negar la existencia de los monstruos.” Karl Marx

La asimetría del poder y la guerra

Cuando los ávaros introdujeron el estribo a los campos de batalla europeo a finales del siglo VI, el impacto táctico que tuvo en la guerra fue descomunal, de golpe, surgieron caballerías pesadas a lo largo del continente, con temibles cargas capaces de vencer a ejércitos más numerosos. Dicha tecnología emanada de China desde el siglo V, había conquistado los campos de batalla en toda la masa euroasiática, un siglo más tarde los bizantinos ya describirían su eficacia en batalla en su famoso tratado militar, strategikón.

Resulta imposible reducir el entendimiento de la guerra como el más primitivo de los impulsos colectivos, como un simple estallido de destrucción, muerte y despojo. Para Gustavo Bueno, filosofo español, la guerra es, en reducidas cuentas, un producto del estado, es “característica y propia de la civilización”, y no una fase superable de barbarie prehistórica. Es una acción política calculada, donde se imprimen los mejores elementos del estado nación, de la civilización o del imperio en turno, la guerra es pues, desde un punto histórico, una partera muy violenta.

El poder del estribo continuaría escribiendo grandes hazañas hasta bien entrado el siglo XX, donde los jinetes polacos le ganarían la batalla de Schoenfeld a un desconcertado ejercito alemán. Sin embargo, ante la llegada de los vehículos blindados, aviones, submarinos y demás parafernalia orquestada en los horrores de la Segunda Guerra Mundial, el estribo quedó desfasado. Llegaría la época de los tanques, y sus pesadas orugas que presurosas corrompían los suelos con cadencia indetenible. El tanque fue finalmente derrotado por helicópteros artillados, y luego los cielos se llenaron de cazas cada vez más raudos y sofisticados, cada vez más incosteables y envalentonados.

Sin embargo, ante la perdida gradual de poder del Imperio Occidental, una dicotomía militar comenzó a desarrollarse entre los otrora dos bloques antagónicos. Por un lado, el excepcionalísimo americano y la hubris característica de las elites imperiales apostaron el todo a los productos y servicios ofrecidos por el conglomerado de industrias privadas que constituye el complejo militar industrial occidental, quienes, respondiendo a la lógica inherente de la ganancia, del capital, maximizan los beneficios y el enriquecimiento de sus oligarcas estadounidenses y europeos, aviones más sofisticados si, pero realmente mucho más caros que los de la competencia, ¿misiles excelentes?, si, pero con una taza de producción ridícula para los estándares modernos de conflicto.

Por el otro, rusos, chinos e iraníes, fortalecieron la producción autóctona de elementos de defensa y masificaron conceptos previamente probados, !misiles a mogollón!, tanques a raudales, capacidad industrial absoluta, miles de misiles baratos contra misiles interceptores escasos y caros. La matemática del conflicto no asiste al Imperio, se han registrados ataques rusos de más de 100 misiles, aerobalisticos, hipersónicos y de crucero en una solo noche; actualmente, los Estados Unidos producen unas 600 unidades de misiles para las baterías Patriot al año, y no todos terminan en los arsenales de Kiev o Israel, en efecto, unos cuantos salvos rusos o iraníes, con centenares de misiles y drones, culminan efectivamente con la producción de interceptores del Imperio, en pocos ataques.

“dron homini lupus est”

Yace herido entre la raspútitsa, donde el hielo le carcome los huesos, abatido con su suerte echada en el Rubicón cósmico, se tira de bruces a esperar su final. Entre las nubes que se desgarran aparece una figura que viene alada, es un ángel de muerte y metal.

El dron llegó para dominar los campos de batalla del presente y del futuro, su arquitectura simple, el bajo coste y facilidad de operación, lo convirtieron en el arma perfecta para la guerra del ahora, la forma tan sucinta de escalar su producción ha llevado a que los drones sean ensamblados en sótanos, escuelas, apartamentos, etc. De tal forma, los pueblos tradicionalmente más vulnerables, ahora tienen el mecanismo para llevar la guerra a sus agresores. Pero también es campo de menester para los grandes poderes del globo, donde vimos fallar uno a uno los mágicos artilugios volantes del imperio, desde los carísimos Reapers que caen como moscas en el teatro del golfo pérsico o la falla absoluta de los drones suicidas switchblade, contra el impresionante éxito de sus homólogos rusos, “Lancet”, a los cuales se le atribuyen una gran cantidad y calidad de blancos confirmados.

Pero no fueron los Lancet, ni los Bayraktar, ni tampoco los Hermes los que acapararon la atención de los estudiosos de la guerra, fueron dos inesperados gizmos los que lenta pero inexorablemente conquistaron los oficios de la matanza. Desde las múltiples factorías chinas los drones genéricos comenzaron a inundar el campo de batalla, rusos y ucranianos se disputan la iniciativa de emplear drones civiles y mecanismos para liberar en un principio granadas, y luego municiones especializadas para ser arrojadas desde un dron suspendido en el aire, la vorágine del conflicto logró maquinar drones anclados a obuses y minas para limpiar edificios, drones anclados a proyectiles antitanque, volviendo a las ya polémicas moles de acero completamente inútiles, fue en este complejo escenario que vimos colapsar uno a uno a los MBT, Main Battle Tanks, de las naciones occidentales, Challengers ingleses incapaces de andar por el terreno, los Leopard alemanes ardiendo por decenas, y finalmente el mítico M1 Abrams americano, yaciendo destruido por las estepas de Ucrania.

Al día de hoy los drones llevan cordones kilométricos de cable de fibra óptica, para andar tras líneas enemigas, invulnerables a la guerra electrónica, con “visión de maquina” e inteligencia artificial para seleccionar blancos y repartir muerte a discreción.

De tal manera que, a mediados de septiembre del 2022, los drones rusos de ingeniería iraní, Geraní, hicieron su aparición sobre los cielos de Ucrania, la era del dron había nacido, videos de cientos de geranios impactando en sus blancos inundaron el globo. Actualmente el concepto del dron iraní, Shahed, ha sido copiado por prácticamente todos los ejércitos modernos, rusos, chinos, alemanes y americanos, entre otros, han optado por igualar con precisión obsesiva la aerodinámica y las características ofensivas del Shahed, (martir).

La talasocracia sobre la cual ancla su poder el hegemón ha llegado a su fin, los drones han alcanzado los mares, actualmente, ya causan estragos en la flota del Mar Negro rusa; de tal forma, la obsoleta flota del imperio Occidental peligra bajo la falsa supremacía de sus viejos y costosos portaviones. Es entonces que, el dron se convierta en el nuevo “Kalashnikov” que habría de permitir a los pueblos sometidos liberarse del yugo tecnomilitar del occidente, es el dron el que logra explotar las fallas estratégicas del Imperio, derivadas de la perdida de su investidura moral y la rapacidad de sus elites nauseabundas, es ese mecanismo andante el que de manera asimétrica logre derrotar las estructuras militares del imperio en decadencia.

Gustavo VEGA