“No vean a Dios como un déspota autocrático, sino como el padre común de todos, y así su conducta será como la vida de hermanos dentro de una misma familia. Yo, por mi parte, los considero a todos iguales, ya sean de piel blanca o de piel oscura. Y me gustaría que no fueran simplemente súbditos de mi comunidad, sino miembros de ella, socios de ella.” Alejandro Magno, circa, 324 a. C.
Guerras civilizatorias
Los cascos retumbaron en secuencia mortal, raudos, envalentonados, indetenibles ante la agónica mirada de Dario. Tras Gaugamela, Alejandro había logrado subyugar al imperio aqueménida, y seguido de un periodo de asimilación, donde el rey macedonio buscaba incluir a los nobles persas en su estado político, Magno, luego de casar a sus generales con princesas persas y de permitir nobles en su corte, así como soldados de elite dentro de las suyas; instauró la Proskynesis. Los griegos y macedonios aborrecieron la medida, veían en dicha reverencia, un reflejo de la “tiranía” y “barbarie” oriental, qué ningún hombre, libre, claro, podía postrarse en sumisión ante otro igual, y que tales reverencias estaban solo reservadas para los dioses. Alejandro, pragmático, buscaba la ascensión monárquica absoluta, no solo la integración de las costumbres cortesanas aqueménidas, a su corte sino la sumisión absoluta de sus ya para entonces cada vez más inquietos generales.

Donald J. Trump, no es Alejandro Magno, y el imperio al cual representa, no tiene como proyecto cultural o pragmático, la fusión del mundo occidental y el levante, sino, en palabras del mismísimo magnate de Wall Street: “Toda una civilización morirá está noche, para nunca más volver. No quiero que pase, pero probablemente así será”. Alejandro moriría hundido en fiebre y su imperio comenzaría a desmoronarse desde dentro, los persas renacerían bajo el imperio parto, para después de cuatro siglos caer ante las guerras contra el imperio romano y el inexorable avance del Islam. Ahora, la Republica revolucionaria Islámica de Irán vuelve en nuevo siglo a soportar el embate de un señor occidental, el imperio americano busca a toda costa el acceso a los recursos materiales de la región, en una economía ampliamente cimentada en el “petrodólar”, el control del oro negro significa el todo por el todo, las voraces elites de occidente precisan del crudo como oxigeno otorgado por mandato divino.
Sin embargo, el imperio que se encuentra debilitado no es el correspondiente al mundo iraní. Los Estados Unidos han salido de Iraq después de veinte años de una guerra de ocupación y saqueo del país mesopotámico. La cuna civilizatoria de gran parte de la humanidad ha visto desfilar las ultimas tropas del contingente americano en la región. Si bien esto no significa la retirada absoluta, cientos de milicias pro iranís pululan de este a oeste, un ejercito irregular con un amplio margen de maniobra, que podía incendiar los objetivos estratégicos desde Iraq hasta Omán, los sátrapas de las petro monarquías árabes tiemblan ante la ominosa tormenta que se agita en Mesopotamia.
En el marco del 261 aniversario del Generalísimo José María Morelos y Pavón, Siervo de la Nación y figura casi mística de la libertad del pueblo Mexicano, Andres Manuel López Obrador, transmitió un amplísimo mensaje, a la usanza de Vladimir Putin en Rusia, el ex mandatario nacional dio una larga catedra material sobre la historia condensada de México y su sufrimiento ante la intervención extranjera a lo largo de los siglos, no obstante, el mensaje dentro del mensaje que dio el ex presidente fue lapidario, México es una potencia cultural, un eje civilizatorio de la región, una potencia con múltiples ciudades y estados hermanos a lo largo del continente, identidad histórica forjada entre procesos precolombinos e imperios europeos. México como parte del mundo hispanohablante y heredero de las culturas madres del continente, es sin duda, uno de los polos referenciales del mundo e importante representante de la hoy dividida civilización iberófona, indígena, católica y multiétnica. Obrador recalca que los Estados Unidos, actuales herederos de la cultura europea occidental, está en decadencia y que su cultura incipiente, de escasos doscientos años no es competencia para las culturas civilizatorias del mundo. Europa la gran perdedora, ha legado su herencia cultural al hegemón advenedizo y continúa demostrando sus fieros colores, pintados en las tonalidades de la dominación, la explotación, el excepcionalísimo, y la barbarie los cuales nunca ha dejado de lado desde su génesis, pues la herencia romana yace más bien en la ecúmene civilizatoria del mundo ortodoxo eslavo y multiétnico, al mando de los rusos.
Trump como cara visible del imperio se enfrenta hoy a uno de esas grandes ecúmenes de la civilización humana, el mundo persa ya ha sido desolado en varias ocasiones a lo largo de milenios, solo para volver más fuerte e influyente, Estados Unidos tiene la fuerza militar, pero ante los estados civilización, yace inerme y con un pueblo que se devora así mismo ante la lógica insostenible del mundo capitalista. Las naves han sido quemadas y ante el despliegue del tercer grupo de ataque a cargo del portaviones USS Theodore Roosevelt, los últimos se preparan para repetir los actos de agresión y dominación en las inmediaciones del estrecho de Hormuz. Aciagos los segundos que preceden la tormenta.
Mirad los cielos de octubre se tiñen carmesí.



