Por Alfredo Soria/ACG.

Morelia, Michoacán.– El cuero rechina, las botas se hacen oír y el bosque adquiere presencia desde el sonido. El regreso de El laberinto del fauno destaca por esos detalles que cobran fuerza en la sala, acompañados de una música que conserva su capacidad para envolver al espectador.

A veinte años de su estreno, la película de Guillermo del Toro vuelve restaurada en 4K y convertida a 3D. La historia de Ofelia, entre la fantasía y la violencia de la España franquista de 1944, mantiene su fuerza y encuentra en el cuidado del color uno de los atractivos de este reencuentro.

Del Toro explica que buscó dejar el mundo real más plano y acentuar la profundidad del fantástico. En la función vista, esa apuesta favorece algunos pasajes de fantasía: los espacios adquieren mayor profundidad y por momentos invitan a adentrarse en ese universo.

Sin embargo, el resultado no convence de manera uniforme. En ciertas escenas del bosque, los elementos parecen superpuestos, como capas que no terminan de integrarse. Por momentos también se percibe una pérdida de nitidez que distrae de la narración.

Quienes disfrutan del cine en 3D pueden encontrar aquí una razón adicional para volver a la película. La profundidad aporta momentos atractivos, especialmente cuando la fantasía ocupa la pantalla, aunque su efecto depende también de lo que cada espectador busque en este formato.

El sonido deja una impresión más consistente. Los ambientes, los pequeños ruidos y la música enriquecen la experiencia y recuerdan cuánto puede contar una película desde lo que se escucha. El bosque se siente cercano incluso antes de que el efecto visual intente acercarlo.

Volver a El laberinto del fauno vale la pena por su historia y su atmósfera. El 3D ofrece otra manera de recorrerla y tendrá sus entusiastas, aunque en esta función dejó la sensación de que la película ya tenía suficiente magia sin una dimensión extra.