Tupátaro, Michoacán.- Mientras los visitantes cruzan las puertas de la histórica capilla y levantan la mirada para descubrir los colores, las figuras y los detalles que han sobrevivido al paso de los siglos, una voz los recibe y los conduce por la historia del lugar. Esa voz es la de Gloria Araceli Velázquez Reyes, una mujer que ha dedicado más de tres décadas de su vida a cuidar y compartir el patrimonio de su comunidad.

Originaria de Tupátaro, Gloria creció entre las calles tranquilas del pueblo, en una época en la que los niños pasaban las tardes jugando al aire libre y la plaza era el punto de encuentro de vecinos y amigos. Aquellos recuerdos siguen presentes cada vez que compara su infancia con la realidad actual, marcada por las pantallas y la tecnología.

Hace casi 33 años llegó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para presentar un examen que definiría buena parte de su futuro. Aunque acudió sin muchas expectativas e incluso llegó tarde, obtuvo la oportunidad de desempeñarse como custodio y desde entonces ha permanecido vinculada a la histórica capilla de Santiago Apóstol de Tupátaro, uno de los espacios patrimoniales más emblemáticos de la región.

Lo que en un principio significó sacrificar reuniones, fiestas y parte de su juventud, con el tiempo se convirtió en una vocación. Hoy habla con orgullo del patrimonio que resguarda y de la satisfacción que le produce compartir su historia con quienes visitan la comunidad.

Durante estos años no se ha conformado únicamente con cuidar el inmueble. Ha tomado cursos de arqueología, iconografía religiosa, laminado en oro y conservación patrimonial. Incluso participó directamente en trabajos de limpieza y restauración de la capilla, experiencia que le permitió conocer de cerca las técnicas utilizadas para preservar sus pinturas y elementos decorativos.

Gracias a esa preparación, Gloria se ha convertido en una guía reconocida por visitantes, investigadores y especialistas que llegan desde distintos lugares para conocer el recinto. Asegura que cada encuentro representa una oportunidad de aprendizaje mutuo, pues tanto ella comparte sus conocimientos como aprende de quienes la visitan.

Mientras continúa desempeñando su labor, mantiene también una meta personal: cursar una licenciatura en pedagogía. Sin embargo, como muchas familias mexicanas, ha decidido priorizar la educación de sus hijos antes que sus propios estudios. Aun así, no descarta retomar ese proyecto en el futuro.

Para Gloria, el verdadero valor de este patrimonio no está solamente en sus pinturas, sus retablos o su arquitectura, sino en la posibilidad de que quienes lo visitan puedan viajar al pasado y comprender cómo vivían las generaciones que construyeron la comunidad.

Extiende una invitación a conocer Tupátaro, una población tranquila ubicada entre Morelia y Pátzcuaro, donde la historia permanece viva entre la madera, los colores y la memoria de quienes, como ella, han dedicado su vida a conservarla.Este arranque tiene más atmósfera y entra de manera más suave, como si el lector llegara junto con los visitantes al lugar antes de conocer a Gloria.

Fotos: Félix Madrigal / ACG.