por Félix Madrigal

Morelia, Michoacán.- En una ciudad donde las propuestas culturales suelen encontrarse en libros, salas de cine y espacios de encuentro, también existen proyectos que buscan reunir distintas expresiones en un mismo lugar. Ese es el caso del Club Cultural Metanoia, una iniciativa que convirtió la lectura, el cine, el debate y el arte en una experiencia compartida.

Impulsado por Daphne Loret Vargas Ramírez y Dana Paola Rivera Bernal, dos jóvenes de 23 años, el proyecto nació con la intención de darle una vuelta a la idea tradicional de un club de lectura y transformarlo en un espacio cultural más amplio.

La historia comenzó unos años atrás, cuando Loret, quien estudia Derecho y Comercio y Negocios Internacionales, recibió de su madre la propuesta de crear un club de lectura para jóvenes dentro de Fomento Cultural MundiNovi, asociación dedicada a promover la cultura y que también cuenta con el club Letras y Libros para Gente Mayor.

La idea, sin embargo, pronto tomó otro camino. Loret recordó que muchos de sus amigos no tenían el hábito de leer, por lo que decidió que el proyecto no debía centrarse únicamente en los libros. La intención sería incentivar a los jóvenes a aprender, conocer, pensar y debatir.

Las primeras reuniones fueron informales y comenzaron entre amigos y conocidos. Una de ellas tuvo como punto de partida la película El show de Truman. Alrededor de la cinta surgieron opiniones distintas y discusiones que demostraron que una película podía convertirse en el punto de partida para hablar de temas más amplios.

Tiempo después, Loret se fue a Estados Unidos y el proyecto quedó en pausa. Al regresar, retomó el contacto con Dana Paola, a quien conoce desde la secundaria. Ambas compartían el gusto por la lectura y el interés por crear un espacio cultural diferente.

Fue entonces cuando decidieron recuperar aquella idea, pero esta vez con una estructura más formal. Así nació Metanoia, con la intención de no limitarse a los libros, sino abrir la conversación a películas, series, documentales, artículos y arte.

Dana Paola, quien estudió Lengua y Literaturas Hispánicas, tuvo un papel fundamental en la construcción del proyecto. Su creatividad y experiencia en actividades artísticas la llevaron a involucrarse en el desarrollo de la identidad de Metanoia. Fue ella quien propuso crear un manual de identidad antes de comenzar a promocionar el club.

Tipografías, colores, concepto y la personalidad que tendría Metanoia fueron algunos de los elementos que ambas comenzaron a definir. Después de construir esa identidad, llegaron los primeros materiales para redes sociales.

La respuesta no tardó en llegar. Su primer video obtuvo numerosas visualizaciones y comentarios, lo que permitió que el proyecto comenzara a acercarse a personas que no pertenecían a su círculo de amigos.

Esa era precisamente una de las diferencias respecto al primer club que había organizado Loret: esta vez no querían reunir solamente a conocidos. Querían que personas que nunca se habían visto pudieran llegar, participar y formar parte del proyecto por iniciativa propia.

Para lograrlo, cada reunión requiere una preparación previa. Loret y Dana Paola organizan la decoración, las actividades, las presentaciones y los pequeños regalos que reciben los asistentes. También utilizan formularios de registro para conocer cuántas personas acudirán y preparar los materiales necesarios.

Dana Paola se encarga especialmente de diseñar las dinámicas que ayudan a iniciar las conversaciones. Como muchos asistentes llegan sin conocer al resto, las actividades comienzan con preguntas sencillas: decir el nombre, explicar por qué acudieron o mencionar un libro o personaje con el que se identifiquen.

Una vez que el grupo entra en confianza, comienza la conversación principal. Loret suele asumir el papel de moderadora y plantea preguntas relacionadas con el libro, película o tema elegido. Las participantes buscan que el intercambio se desarrolle bajo principios de respeto y tolerancia.

Después de la discusión central, las organizadoras incorporan actividades relacionadas con el tema de la reunión y otras destinadas a que los asistentes se conozcan. Finalmente, entregan un detalle preparado especialmente para la ocasión.

Los regalos se han convertido en uno de los elementos distintivos del club. En una de sus primeras reuniones, por ejemplo, Loret y Dana Paola elaboraron libretas a mano y separadores de libros. Incluso crearon un sistema de ocho marcas en los separadores para incentivar a los asistentes a regresar a futuras reuniones.

La respuesta fue creciendo. Una de las primeras reuniones contó con alrededor de ocho o nueve personas, mientras que en otra llegaron 17 asistentes. De acuerdo con las organizadoras, varias de las personas que acudieron a los primeros encuentros continuaron regresando y posteriormente comenzaron a recomendar el proyecto.

La selección de los temas tampoco queda únicamente en manos de sus creadoras. Aunque al principio escogían libros, películas o series que ellas mismas querían abordar, poco a poco comenzaron a tomar en cuenta las sugerencias de quienes integran la comunidad.

Entre sus primeras actividades estuvo la lectura de Aura, de Carlos Fuentes. La elección respondió también a la intención de comenzar con una obra breve y conocida que pudiera funcionar como un punto de entrada para personas que no acostumbraban leer.

La inclusión es otro de los principios que ambas buscan mantener dentro del proyecto. Para ellas, Metanoia debe ser un espacio abierto en el que hombres y mujeres puedan participar y conversar sobre temas culturales sin que el género determine quién puede formar parte.

Con el paso de las reuniones, los asistentes comenzaron a involucrarse también en la organización. Algunos ayudan a preparar el espacio, otros colaboran al finalizar las actividades y algunos más recomiendan nuevos lugares o invitan a personas que podrían interesarse en el proyecto.

Metanoia realiza normalmente dos reuniones al mes y alterna entre libros, películas y series. Los encuentros suelen realizarse los sábados por la tarde, aunque Loret y Dana Paola consultan a los integrantes para conocer qué días y horarios les resultan más accesibles.

Más allá de las actividades culturales, ambas tienen un objetivo más amplio: fomentar el pensamiento crítico independiente, la lectura y la empatía. Su intención es que lo aprendido durante las reuniones pueda trascender la conversación y, eventualmente, convertirse en acciones colectivas.

La idea comienza con algo sencillo: una historia que sirve como punto de partida para hacer preguntas, escuchar otras perspectivas y descubrir nuevas formas de pensar. Para Loret y Dana Paola, ese intercambio es apenas el comienzo de una comunidad que todavía continúa creciendo.

Fotos: Félix Madrigal/ACG.