Morelia, Michoacán.- A los 15 años, Alison Nava Córdova ya sabe lo que significa escuchar su nombre antes de subir al tatami, caminar hacia el área de combate y dejar fuera del ruido todo lo que no sea la estrategia, la respiración y la voz de su entrenador. Es taekwondoína moreliana, seleccionada nacional juvenil y estudiante de la Prepa UVAQ Santo Tomás Moro, donde ha encontrado una forma de sostener dos exigencias al mismo tiempo: la escuela y el deporte de alto rendimiento.

En la Universidad Vasco de Quiroga (UVAQ), Alison cuenta con beca deportiva y entrena bajo la guía de Arturo Villegas, parte importante de su acompañamiento actual como atleta. Su formación también ha estado marcada por el trabajo con el profesor Oscar Vargas, quien la conoce desde niña y la ha acompañado en su camino dentro del taekwondo. Entre ambos espacios, la joven ha construido una rutina que combina clases, entrenamientos, competencias y preparación mental.

Su historia en el deporte comenzó por inspiracion familir y terminó convirtiéndose en una forma de vida. Alison tenía alrededor de seis años cuando empezó a practicar taekwondo. Antes hacía ballet, pero cada vez que veía entrenar a su hermana mayor, Jareni, sentía curiosidad por entrar al dojang. “Yo la veía y dije: quiero ser como ella”, recuerda. Durante un tiempo fue espectadora. Acompañaba a su hermana, miraba las clases y escuchaba al profesor Oscar Vargas animarla a entrar. La primera vez que aceptó, llegó nerviosa, pero también emocionada. “Dije: ay, con que esto es lo que siente mi hermana”.

Al principio, el taekwondo fue convivencia. Hizo amigas, comenzó a disfrutar los entrenamientos y poco a poco el deporte dejó de ser sólo una actividad después de clases. Casi diez años después, Alison acumula dos campeonatos nacionales, una medalla de plata y tres bronces en competencias nacionales, además de una experiencia internacional que marcó su carrera deportiva.

Pero su camino no empezó con seguridad. Alison reconoce que de niña era muy nerviosa y que competir le daba miedo. “Yo era muy miedosa. De chiquita era muy, muy, muy miedosa. Yo no quería competir, me daba pavor”, cuenta. En sus primeras competencias temblaba en las gradas, con ansiedad y hasta tenía ganas de llorar antes de salir al combate.

Ese miedo no desapareció de un día para otro. Lo trabajó peleando, viajando, perdiendo, ganando y volviendo a intentarlo. “Competí, competí, competí y ya se me quitó”, dice. La frase parece sencilla, pero resume una parte importante de su formación: aprender a no dejar que los nervios decidan por ella.

Uno de sus primeros grandes momentos llegó en los Nacionales Conade 2022, su primer nacional, donde obtuvo medalla de oro. Alison no llegó confiada; al contrario, se sentía más nerviosa que emocionada. “Dije: pues ya estoy aquí, ya qué voy a hacer, ya no me puedo echar para atrás. Voy a disfrutarlo. Y fue la mejor competencia, porque a pesar de que yo iba muy nerviosa y no confiaba en mí, logré el oro”.

Después vino otro paso clave: el nacional juvenil para clasificar al Mundial de Taekwondo. En esa competencia, realizada en San Luis Potosí, el ambiente era distinto porque todas las participantes buscaban un lugar para representar a México. “Todas las niñas que estábamos ahí compitiendo era por el sueño mundialista”, recuerda.

En la final enfrentó a una rival que muchos veían como favorita. Antes del combate, escuchó comentarios sobre su fuerza y nivel. Más que tranquilizarla, aquello aumentaba la presión. “Todos me estaban diciendo: ‘no, es que la niña es muy fuerte, pero tú puedes’. Y yo decía: bueno, ¿me estás apoyando o me estás dando más nervios?”.

Alison salió a pelear y ganó en dos rounds. Dice que fue una pelea exigente, pero que logró manejarla. “La niña tenía muy buen nivel, pero lo supe llevar”, relata. Ese triunfo le abrió la puerta para competir a nivel internacional.

Hace poco viajó a Uzbekistán como parte de la selección nacional juvenil. Fue la primera vez que salió del país y también su primer contacto con una competencia de ese nivel. La experiencia no terminó como esperaba: perdió su primer combate contra una representante de Estados Unidos. Aun así, no regresó con una sensación de fracaso.
“No fue lo que esperaba. Perdí la primera pelea con Estados Unidos, pero la verdad creo que yo fui a hacer lo que sabía y no me quedé con ganas”, afirma. El viaje le dejó convivencia con sus compañeras, aprendizaje y una idea más clara de lo que implica competir fuera de México.

Para Alison, el taekwondo no es sólo lanzar patadas o sumar puntos. Dentro del combate, explica, hay que pensar rápido, escuchar al entrenador y no dejarse llevar por el impulso. “Tienes que estar muy presente mentalmente”, dice. Si una rival toma ventaja, debe buscar la forma de cambiar la pelea; si ella va arriba, no puede confiarse. “Es un deporte sumamente pensado”, resume.

La competencia, en realidad, empieza mucho antes de pisar el tatami. Inicia con el control del peso, la alimentación, los entrenamientos, el viaje, el pesaje y la espera. Alison compite en la categoría juvenil femenil de menos de 49 kilogramos, por lo que debe cuidar su rutina y ajustar su preparación antes de cada torneo. Cuando llega el día del combate, todo se vuelve más intenso. La llaman por nombre, categoría y estado; revisan sus protecciones; espera junto a su rival y camina hacia el área de pelea. “Desde que te paras en el tatami, te quedas como sin oír nada del exterior. Solamente eres tú y tu entrenador, no hay nada más”, describe.

Esa disciplina también ha cambiado su vida fuera del deporte. Alison cuenta que antes se ponía nerviosa por muchas cosas, incluso por exámenes o tareas. El taekwondo le enseñó a controlar mejor la presión, a ser más constante y a no rendirse tan rápido. “Creo que el deporte me ha ayudado a desarrollarme física y emocionalmente. Ha cambiado tanto cómo pienso, cómo me alimento, cómo me relaciono con los demás”.

El costo también existe. Entrena entre dos y tres horas diarias, de lunes a sábado. Muchas veces ha tenido que dejar pasar fiestas, salidas o planes con amigas por cumplir con sus entrenamientos. “No he tenido una vida muy normal en mi adolescencia”, reconoce. “Sí pesa mucho, y más porque dices: pues esta debería ser la etapa más social. Pero ya cuando ves el resultado dices: a darle, a seguirle”.
En ese equilibrio, la escuela ha sido una parte importante de su proceso. Alison estudia en la Prepa UVAQ Santo Tomás Moro y señala que el respaldo académico y deportivo de la institución le ha permitido mantenerse activa en competencias sin descuidar sus estudios. En su caso, la beca deportiva, el trabajo con Arturo Villegas y el apoyo de docentes y coordinadoras forman parte de la misma ruta: seguir creciendo como atleta sin romper su formación escolar.

“La verdad es que es una muy buena escuela, me han apoyado mucho”, comenta sobre la UVAQ. Recuerda que, cuando tuvo que ausentarse por sus compromisos deportivos, pudo concentrarse en la competencia porque sabía que al regresar tendría acompañamiento para ponerse al corriente. “Cuando regresé, los maestros se portaron muy bien, me ayudaron, me dieron cosas a mí especialmente para entregar, me dieron asesorías; también las coordinadoras me apoyaron mucho con lo de las faltas. Todos ellos me resolvieron”, relata.

Aun con ese respaldo, Alison sabe que no es sencillo mantener la exigencia académica y deportiva al mismo tiempo. La prepa UVAQ, dice, tiene buen nivel, por lo que ha tenido que aprender a organizarse. “He sabido compaginar el deporte y la escuela. Yo sé que es un tiempo para esto y un tiempo para esto”.
Cuando habla de su futuro, Alison no hace grandes promesas. Prefiere ir paso a paso. Dice que no ha pensado demasiado en los próximos cinco años porque prefiere vivir el presente, aunque se imagina dentro del taekwondo mientras el deporte y la vida se lo permitan.

Por ahora, su historia se entiende mejor en el día a día: entrenar, estudiar, cuidar el peso, viajar, competir, perder, ganar y volver al tatami. Alison Nava no se presenta como una atleta invencible, sino como una joven que aprendió a pelear primero contra sus propios nervios.

“Si quiero algo, ahí estoy dándole para lograrlo”, dice. Y en esa frase, más que en cualquier medalla, aparece la esencia de su camino.