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Este 18 de mayo, Morelia celebra 485 años de historia. La ciudad de la cantera rosa, de las plazas iluminadas y del majestuoso Centro Histórico vuelve a llenarse de discursos sobre orgullo, patrimonio y grandeza cultural.

Sin embargo, detrás de la imagen turística y de las postales oficiales, existe otra Morelia: una ciudad marcada por calles destruidas, colonias olvidadas, falta de agua potable, alumbrado deficiente y una creciente percepción de abandono.
Mientras el corazón histórico luce cuidado para visitantes y eventos culturales, miles de habitantes enfrentan diariamente baches, inseguridad y servicios públicos insuficientes. La propia Encuesta Nacional de Seguridad Urbana (ENSU) evidencia esa realidad: el 84.9 por ciento de la población considera que los baches son el principal problema de la ciudad, incluso por encima de la delincuencia, que ocupa el segundo lugar con el 77.4 por ciento.

La contradicción urbana es evidente. La ciudad que presume modernidad y desarrollo mantiene vialidades deterioradas, embotellamientos constantes, coladeras saturadas, transporte deficiente y fallas constantes en el suministro de agua potable.


Y es precisamente el agua uno de los ejemplos más claros de la falta de planeación histórica. Como se ha reconocido recientemente desde espacios institucionales, el agua no se garantiza sola: requiere coordinación, planeación y corresponsabilidad. Sin embargo, durante años muchos proyectos han fracasado por obras inconclusas, duplicidad de esfuerzos y falta de respaldo técnico, generando desabasto, sobreexplotación de acuíferos y conflictos sociales.

La falta de infraestructura adecuada también impacta la vida cotidiana de miles de personas. Calles oscuras, banquetas deterioradas, vialidades llenas de baches y espacios públicos descuidados terminan limitando la movilidad y aumentando la sensación de inseguridad en numerosas colonias de la ciudad.

A 485 años de su fundación, Morelia enfrenta una pregunta incómoda: ¿para quién se construye la ciudad? Porque mientras una parte se embellece para el turismo y la fotografía institucional, otra permanece marginada, descuidada y olvidada.


El aniversario de Morelia no debería ser únicamente una celebración de su pasado histórico, sino también una oportunidad para reflexionar sobre su presente. Porque una ciudad no solo se define por la belleza de sus monumentos, sino por la calidad de vida y la dignidad que ofrece a quienes la habitan todos los días.

Fotos Alfredo Soria, Asaid Castro y Félix Madrigal/ACG