por Félix Madrigal
Morelia, Michoacán.- Antes de que el cempasúchil llegue a los altares y panteones durante las celebraciones de Día de Muertos, hay meses de trabajo detrás de cada flor. En El Colegio, municipio de Tarímbaro, Eladio Vázquez Torres conoce bien ese proceso, pues desde los 14 años se dedica a cultivar flores, un oficio que aprendió de su padre y que su familia ha conservado durante generaciones.
Hoy, a sus 59 años, continúa con la producción de cempasúchil, mano de león, miguelitos, girasoles, nube blanca y nube rosa. Una actividad que, calcula, comenzó hace más de 120 años con sus antepasados y que se convirtió en una herencia familiar.
Tras la muerte de su padre, Eladio continuó con el trabajo que le enseñaron desde joven. Con el paso del tiempo, también ha compartido esos conocimientos con sus hijos, sobrinos y nietos, incluidas sus nietas, quienes han mostrado interés por las labores del campo.










Para cultivar las flores, explica, primero hay que obtener las semillas, cuidarlas durante su germinación y después trasplantar las plantas a los surcos. A partir de ahí comienza otra etapa de atención y cuidados, pues cada variedad tiene sus propios tiempos de crecimiento y requiere organizar las fechas de siembra y plantación.
No todas las flores están listas al mismo tiempo. La mano de león necesita aproximadamente un mes en su primera etapa de germinación y crecimiento antes de ser trasplantada; el cempasúchil tarda alrededor de dos meses y medio, mientras que los girasoles y la nube blanca requieren cerca de dos meses. La llamada mota, también conocida como macetona, puede tardar hasta cuatro meses.
Son procesos distintos que requieren paciencia y trabajo constante para conseguir que cada planta llegue a su etapa de floración. Es parte de lo que Eladio ha aprendido durante los años que lleva dedicado a esta actividad y que ahora busca transmitir a las siguientes generaciones.
Sobre la presencia de flores artificiales de origen chino en el mercado, el productor considera que no han afectado sus ventas. Él destaca que su producción es natural y que quienes acuden directamente con los cultivadores pueden encontrar las flores que necesitan y recibir atención de las personas que las trabajan.
Por ello, invita a la población a comprar directamente con los productores de la región, especialmente durante esta temporada, cuando las flores se convierten en parte de las ofrendas y los arreglos que las familias llevan a los panteones.
Esta tradición también se comparte con los visitantes a través de la Feria de la Flor, que se realizará los días 23, 24 y 25 de octubre. Eladio cuenta que el encuentro tiene seis años de historia y que, desde sus primeras ediciones, ha ido creciendo.
Al hablar de esta celebración, la compara con una hija que ha visto crecer y que espera llegue a convertirse en una fiesta más grande. Su deseo es que la feria cumpla 15 años y que él pueda estar presente para ver cómo se consolida y refleja el trabajo de quienes se dedican al cultivo.
Mientras tanto, Eladio continúa con una labor que comenzó mucho antes de que él tomara las riendas de la producción. En cada temporada, las flores que cultiva representan también la continuidad de una historia familiar que busca mantener viva a través de sus hijos, sobrinos y nietos.
Fotos: Félix Madrigal/ACG.



