Morelia, Michoacán.- Mientras muchas miradas suelen concentrarse en deportes tradicionales, en la cancha y patios de la escuela Madero y Pino Suárez otro juego ha comenzado a ganar terreno entre la comunidad estudiantil, el handball. Con partidos veloces, lanzamientos constantes y trabajo en equipo, esta disciplina poco a poco se ha convertido en una opción que entusiasma a niños y niñas en Morelia y que busca abrirse paso entre nuevas generaciones.



Lo que inició como un proyecto escolar en 2015 durante el turno vespertino, fue tomando forma con el paso de los años hasta consolidarse en 2018. Desde entonces, el esfuerzo de alumnos y entrenadores comenzó a reflejarse dentro y fuera de la cancha, con equipos más organizados y una participación constante en competencias.
El momento que marcó un impulso importante llegó en 2019, cuando el equipo consiguió su primer campeonato estatal. Aquel resultado abrió nuevas expectativas para una disciplina que todavía busca mayor reconocimiento en Michoacán y demostró que el trabajo realizado dentro de la escuela podía rendir frutos importantes.


Después vino la pausa obligada por la pandemia, que frenó competencias y entrenamientos. Sin embargo, el regreso mostró que el trabajo seguía firme. En 2023, el equipo femenil volvió a conquistar el campeonato estatal y obtuvo su pase al nacional en Acapulco, donde alcanzó el cuarto lugar. Más tarde también llegaron participaciones en Puebla y Guadalajara, manteniendo presencia constante en torneos nacionales.
Rodrigo Blas Carrillo, entrenador y maestro de Educación Física de la escuela Madero y Pino Suárez, explicó que el handball tiene alrededor de 15 años de difusión formal en el estado, aunque aún enfrenta el reto de ser más conocido entre escuelas y familias. Señaló que el crecimiento ha sido constante, pero todavía falta mayor impulso para que más instituciones lo practiquen.

A diferencia de otros deportes, el handball combina velocidad, estrategia y contacto controlado, lo que lo vuelve atractivo para niñas, niños y jóvenes. Además, puede practicarse sin grandes costos y adaptarse fácilmente a distintos espacios escolares, lo que facilita su enseñanza y expansión.
En nivel primaria, se juega cinco contra cinco, con equipos de hasta diez integrantes y encuentros divididos en cuatro tiempos de diez minutos. El tamaño del balón cambia según la categoría, permitiendo una mejor adaptación para cada edad.
Más allá de las medallas o campeonatos, quienes lo impulsan destacan los beneficios que deja en la formación de estudiantes, disciplina, coordinación, confianza y convivencia. También fomenta el trabajo en equipo, la responsabilidad y hábitos saludables desde edades tempranas.
Entre entrenamientos, torneos y nuevas generaciones que se suman, el handball continúa escribiendo su propia historia en Morelia, creciendo paso a paso desde las escuelas hacia un futuro con mayor presencia.
Fotos: Félix Madrigal / ACG



