Morelia, Michoacán.- En un estudio de la Vasco de Quiroga, entre tambores que retumban y voces que se filtran por audífonos, seis músicos morelianos ensayan como si el caos fuera una brújula.

No se caracterizan de guerreros, al menos en los ensayos, pero hablan de ellos. No cantan exclusivamente en lenguas originarias, pero dejan que algunas frases en náhuatl, y en ciertos casos en purépecha, se cuelen entre riffs y guturales. Sus ritmos, además, beben de sonoridades prehispánicas que aparecen como matiz, no como disfraz. Así suena Mexxika.

La batería marca el pulso. Afuera del círculo apenas se distinguen los platillos y los golpes secos sobre el tambor. Las guitarras, el bajo y la voz se esconden tras los audífonos conectados a la consola.

Solo cuando uno se los coloca entiende la dimensión: los guturales de Juan Sandoval irrumpen con fuerza; el bajo de Sergio García sostiene la base como una raíz profunda; la guitarra de Carlos Gutiérrez y “El Papo” tejen riffs modernos y, entre capas de distorsión, las percusiones de Irek y Erick Martinez, evocan un aire ceremonial sin abandonar la contundencia del metal contemporáneo.

Están dispuestos en círculo. Son seis. Entre canción y canción, una cerveza descansa en el piso del estudio. Se exigen sin filtros: «Estamos sonando de la chingada», dicen cuando algo no cuadra.

Minutos después, tras repetir el compás, celebran: «Ahora sí lo dimos todo». No son adolescentes que juegan a ser rockstars; son músicos de edades diversas que hablan de disciplina, producción y visión.

El alma guerrera, sin disfraz

El nombre no es casual. Mexxika —con K, como insisten— no alude a una postal turística. «Mexica simboliza el alma guerrera mexicana, el valor y el orgullo desde la raíz. Somos la interpretación de una nación a nuestro modo y queremos que trascienda más allá de fronteras. Pudimos llamarnos aztecas o mayas, pero elegimos mexicas porque nos pareció más relevante y simbólico. Lo nuestro no es metal folclórico: es metal moderno con identidad», explican.

La raíz aparece en guiños: en fragmentos breves en náhuatl, en algunas líneas en purépecha, en referencias simbólicas que dialogan con el pasado sin quedarse en él.
No se asumen como banda de metal folclórico. Su sonido parte del metal contemporáneo y de influencias internacionales, mientras que los elementos originarios funcionan como acento cultural. Para integrar esas líneas, se apoyan en hablantes de lenguas originarias, consultan significados y afinan pronunciaciones.

«No es un texto completo, son fragmentos, ideas, detalles que suman identidad». La mexicanidad, en su caso, no es un disfraz escénico: es una capa más dentro de una propuesta moderna.

“Caos”: ruptura y reinicio

El sencillo que hoy los redefine se llama “Caos”, es la punta de lanza de su próximo EP y también un parteaguas como un reinicio, aseguran. Lo anterior no fue un error, sino el proceso para llegar a este punto.

En la letra aparecen metáforas vinculadas a la cosmovisión mexica: la dualidad, la obsidiana que corta y refleja, la idea de destrucción como antesala de transformación. Para ellos, el caos no es solo desorden: puede ser el Big Bang, una ruptura amorosa o una crisis personal. Es el momento incómodo que obliga a moverse para prevalecer.

Hablan del guerrero interior, sí, pero también del duelo, del amor, de la muerte y del desamor. Temas universales que cualquier oído puede entender, aunque estén atravesados por referencias culturales. «Representamos mucho el lado humano», resumen.

Mexxika ha pisado escenarios grandes y suma miles de reproducciones en YouTube. Pero en el estudio de la Vasco de Quiroga, lejos de los reflectores, todo vuelve a lo esencial: seis músicos en círculo, un ritmo que se repite hasta que embona y una identidad que no necesita exagerarse para sentirse firme.

Cuando termina el ensayo, se quitan los audífonos. El silencio parece extraño. Afuera, el mundo sigue en su propio caos mientras que adentro, la banda sonríe. Esta vez, dicen sin asombro, «sí sonó chingón».

Fotos Asaid Castro/ACG