Morelia, Michoacán.- En un sector donde la vista suele reducirse a graduaciones y armazones, la salud visual está atravesando una transformación que combina ciencia, neurociencia y tecnología avanzada. Así lo explican Rocio Ulaje y Yoali Sánchez, docentes de la Licenciatura en Optometría de la Universidad Vasco de Quiroga (UVAQ), quienes desde las aulas y las clínicas universitarias han sido testigos de la evolución del campo.

Para ambas especialistas, la salud visual abarca mucho más que la claridad con la que una persona puede leer o distinguir objetos. Es un proceso complejo donde intervienen el ojo, sus estructuras internas y el cerebro, que interpreta cada estímulo visual. Esta relación, afirman, permite detectar desde alteraciones propias del sistema visual hasta enfermedades sistémicas como diabetes, hipertensión o padecimientos autoinmunes.

En ese contexto, la optometría ha experimentado en los últimos años un avance sin precedentes. Hoy es posible estudiar la córnea, la retina y otras estructuras con una precisión que hace una década parecía inalcanzable. Equipos especializados permiten observar el funcionamiento del ojo con detalle milimétrico, lo que ha elevado la calidad de los diagnósticos y abierto nuevas posibilidades para tratar casos complejos.
Uno de los desarrollos más significativos es el uso de inteligencia artificial para la adaptación de lentes de contacto esclerales. La tecnología permite generar una “impresión” exacta de la córnea y diseñar lentes personalizados para pacientes con queratocono, trasplantes de córnea o secuelas de cirugías refractivas. Con estas nuevas herramientas, personas que apenas distinguían objetos a corta distancia han logrado recuperar niveles de visión cercanos al 100 por ciento. “Ha sido una de las innovaciones más satisfactorias por el impacto en la vida diaria de los pacientes”, señalan las docentes.
El uso de lentes de contacto también se ha extendido a otros ámbitos. En bebés con catarata congénita —una opacidad del cristalino que debe atenderse en las primeras semanas de vida— estos dispositivos permiten suplir la función del lente natural y evitar la ambliopía, favoreciendo el desarrollo de la visión binocular. Conforme el niño crece, la graduación puede ajustarse para acompañar su evolución visual.

Más allá de los avances actuales, la optometría mira hacia un futuro que integra neurociencia e innovación tecnológica. Investigaciones recientes exploran dispositivos para mejorar la visión cercana sin lentes tradicionales, así como microchips capaces de conectar la córnea y el cerebro para recuperar la vista en ciertos pacientes. Aunque estas tecnologías aún están en etapa experimental, representan la dirección a la que se mueve la disciplina.

Desde la UVAQ, Ulaje y Sánchez forman parte de una generación que busca ampliar la comprensión pública sobre la salud visual y su impacto en la calidad de vida. En sus aulas y clínicas, la formación profesional y la investigación se encuentran con la práctica diaria, en un momento en que el cuidado de la vista evoluciona al ritmo de la ciencia.
Fotos: Alfredo Soria/ACG.



