Morelia, Michoacán.– Un ciervo aparece muerto en una ciudad. No pertenece ahí. No debería estar ahí. La imagen es incómoda, extraña, casi absurda. De esa escena parte La muerte de un ciervo de ciudad, el libro con el que la zitacuarense Isis Olaya ganó la convocatoria Palabras de Colibrí 2025 en la categoría de poesía y que fue presentado en el Patio de la Magnolia del Museo del Estado de Michoacán.

“El libro parte de la noticia del ciervo en Argentina, que apareció muerto en la ciudad”, explicó la autora en entrevista posterior al evento. Pero la obra no se queda en la anécdota. “Es sobre una aceptación de un duelo, pero un duelo como cotidiano. Y también tiene que ver mucho con aceptar ciertos diagnósticos, sobre todo la depresión y el déficit de atención”, señaló.

El poemario está construido como una serie de fragmentos que dialogan entre sí, pero que también pueden leerse por separado. “Es una recopilación de poesía… llevan como un hilo entre ellos y son independientes. Alguien puede llegar y leer alguna parte”, comentó. Esa estructura no es casual: “Está muy fragmentado, pero es el efecto que se quiere dar, que es básicamente cómo la mente está como disparada y perturbada por un diagnóstico que no ha identificado”.

Aunque la voz es íntima, Olaya aclara que no se trata de una confesión literal. “Sí hay mucha ficción, obviamente sí presto partes de mí, pero también es muy colectivo porque no es algo ajeno a lo que las personas han padecido o experimentado”. Esa mezcla entre lo personal y lo compartido le da al libro una resonancia generacional.

Isis Olaya tiene 30 años, estudió Letras Hispánicas y cursó una maestría en Estudios Críticos del Lenguaje en la Universidad de Guadalajara. Actualmente trabaja en atención a clientes, pero la escritura, dice, es una parte fundamental de su vida. Sobre el momento en que recibió la noticia del premio recuerda: “No me la creía, estaba como ‘qué fuerte’, pero una parte de mí estaba muy emocionada. Recibir este reconocimiento me reafirmó en esto a lo que me estoy dedicando, que también es la escritura”.

Cuando decidió enviar el manuscrito a la convocatoria, lo hizo con intención clara. “Trabajé en él y dije: creo que quiero enviar algo acorde a la convocatoria. Tampoco quería mandar cualquier cosa. Quería trabajarlos bien y darles estructura”.

La autora considera que el libro puede ser leído por cualquier persona, pero cree que dialoga especialmente con jóvenes. “Yo creo que para todo el público, pero también para los jóvenes, sobre todo por estos aspectos de nombrar el dolor”. En su poesía, nombrarlo no es dramatizarlo, sino hacerlo habitable.

A quienes dudan en escribir o publicar, les aconseja paciencia: “Es difícil, creo que tienen que pasar por sus procesos, pero yo siempre digo que sigan escribiendo y traten de que su voz encuentre también un hogar o una casita”.

Con La muerte de un ciervo de ciudad, Isis Olaya no ofrece respuestas fáciles. Ofrece algo más complejo: un lenguaje que se permite la fragilidad y que encuentra en ella una forma de resistencia.

Fotos: Alfredo Soria/ACG.