Morelia, Michoacán.- Cada 20 de febrero, los gatos se convierten en protagonistas absolutos. Las redes sociales se llenan de fotografías de ojos brillantes, bigotes inquietos y siestas interminables al rayo del sol. Los mensajes hablan de cariño, de compañía, de ese ronroneo que calma la ansiedad y acompaña las noches largas. El Día del Gato es, para muchos, una fecha entrañable.
Sin embargo, más allá de la celebración digital, esta jornada abre un espacio necesario para la reflexión. Mientras algunos felinos descansan en hogares donde son parte de la familia, miles sobreviven en calles, azoteas y baldíos, enfrentando hambre, enfermedades, frío y abandono. La dualidad es inevitable: la ternura que inunda internet contrasta con la realidad silenciosa que se vive en colonias y refugios.

En Morelia, como en muchas ciudades del país, rescatistas independientes y asociaciones protectoras aprovechan la fecha para visibilizar problemáticas que persisten. El abandono sigue siendo una herida abierta. Camadas no deseadas, mudanzas, falta de información o prejuicios aún provocan que gatos terminen en la calle. A ello se suma la sobrepoblación derivada de la ausencia de esterilización, una medida fundamental para evitar sufrimiento y controlar el crecimiento desmedido de colonias felinas.
La percepción social del gato ha cambiado de manera significativa en las últimas décadas. De ser visto únicamente como cazador o animal distante, hoy ocupa un lugar central en la vida afectiva de muchas personas. Su presencia discreta pero constante transforma la rutina diaria: acompaña el trabajo desde casa, se enrosca en los pies durante la lectura o reclama atención con un maullido suave. El gato ya no es un habitante secundario del hogar; es parte de la familia.

Ese cambio cultural también exige coherencia. La tenencia responsable no se limita al afecto. Implica esterilizar, vacunar, desparasitar, brindar atención veterinaria y ofrecer un entorno seguro. Significa comprender que un gato puede vivir más de 15 años y que su bienestar dependerá completamente de quien decida adoptarlo. Es asumir que cada decisión humana impacta directamente en su calidad de vida.
Para quienes trabajan en rescate animal, el Día del Gato es también un recordatorio de historias concretas: gatos encontrados heridos, crías rescatadas de alcantarillas, colonias alimentadas bajo la lluvia. Historias que rara vez aparecen en la fotografía perfecta, pero que sostienen el verdadero sentido de la fecha.

Celebrar a los gatos es celebrar su compañía, su independencia elegante y su capacidad de llenar de vida un espacio. Pero también es reconocer que la empatía debe traducirse en acciones. Adoptar en lugar de comprar, esterilizar para prevenir el abandono, apoyar refugios, informarse y educar.
El Día del Gato no es solo una tendencia ni una etiqueta en redes sociales. Es una oportunidad para reconciliar la emoción con la responsabilidad. Porque entre la celebración y el compromiso existe un puente posible: el de cuidar, proteger y dignificar la vida de quienes, con su silencio y su mirada profunda, nos enseñan todos los días que el amor también puede caminar en cuatro patas.
Fotos: Félix Madrigal / ACG.



