por Félix Madrigal
Morelia, Michoacán.- Entre moldes, azúcar y figuras que toman forma con paciencia, Rogelio Jiménez Hurtado mantiene viva una tradición familiar que comenzó con su abuela y que hoy continúa con él, sus hermanos y la siguiente generación. Desde hace años, la elaboración de dulces artesanales forma parte de su vida, un oficio que sigue desempeñando pese a haber perdido la vista hace tres años y medio.
Originario de Morelia, Rogelio es la tercera generación de una familia dedicada a elaborar dulces tradicionales, entre ellos las calaveritas de azúcar que cada año cobran protagonismo durante las celebraciones de Día de Muertos. Su acercamiento a este trabajo comenzó desde niño, cuando, a los seis, ocho o nueve años, ayudaba a sacar las figuras de los moldes de barro.

Aunque la pérdida de la vista a causa de complicaciones relacionadas con la diabetes y un desprendimiento de retina cambió su vida, no significó el final de su actividad. Rogelio recuerda que pasó cerca de medio año en depresión, hasta que, con el apoyo de su familia, acudió a un centro de rehabilitación para personas con discapacidad visual, donde recibió atención psicológica y comenzó a encontrar una nueva forma de salir adelante.

Ahora, la venta de sus dulces representa una oportunidad para obtener ingresos y continuar con su oficio. Durante la temporada de Día de Muertos participa en espacios como el Festival de la Calaverita en el Centro Histórico, mientras que también es posible encontrar a su familia frente al Mercado Independencia, sobre la calle Lázaro Cárdenas, y en los puestos instalados en los portales cercanos a la Casa de las Artesanías, en San Francisco.
Para Rogelio, estas fechas son importantes porque las oportunidades de venta se concentran en pocos días del año. Por ello, continuar con la tradición familiar no solo significa preservar un oficio heredado, sino también mantener una actividad que le permite trabajar y obtener recursos para su vida cotidiana.

En su historia también hay un llamado a la sociedad: dejar de lado los prejuicios hacia las personas con discapacidad y reconocer sus capacidades. Rogelio considera que una limitación física no impide ser productivo y que, con oportunidades y condiciones de inclusión, es posible encontrar otras maneras de realizar las actividades cotidianas.
También pide que, cuando sea necesario, las personas brinden ayuda a quienes viven con alguna discapacidad, ya sea al cruzar una calle, subir una banqueta o desplazarse por algún lugar. Para él, la inclusión comienza con la empatía y con la disposición de entender que cualquiera puede encontrarse algún día en una situación similar.

Mientras la temporada de Día de Muertos llena las calles de figuras y colores, Rogelio continúa trabajando para mantener viva una tradición que ha pasado de generación en generación, demostrando que, incluso ante los cambios más difíciles, es posible encontrar nuevas formas de seguir adelante.
Fotos: Félix Madrigal/ACG.



