Foto: Alfredo Soria/ACG.

Morelia, Michoacán.- “Esto no es el mar” comenzó con una intención definida: hacer una historia especialmente para el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). El cortometraje de Paula Ollivier Ortiz y Efrén Villa Cortés consiguió el objetivo y fue seleccionado para la Sección Michoacana de la edición 2026, pero detrás de sus pocos minutos hay también una forma de hacer cine basada en la confianza y en una complicidad que el equipo ha construido proyecto tras proyecto.

Paula, docente de la Universidad Vasco de Quiroga (UVAQ), escribió el guion y codirigió junto con Efrén, egresado de la institución; José María “Chema” Cano Sánchez, también egresado, estuvo a cargo de la dirección de fotografía. A ellos se suma Ximena Xolalpa, productora del proyecto e integrante del colectivo De 5 a 7. “Justamente el corto lo hicimos para el festival”, cuenta Paula sobre una película que, desde su origen, tuvo al FICM como destino.

La historia sigue a dos hermanos y la complicidad que surge entre ellos frente a un momento difícil. Su punto de partida está en recuerdos de la infancia de Paula: “Cuando era niña, pues sí hacía berrinches y me escapaba de mi casa”. A partir de ahí apareció la pregunta de qué ocurriría si un niño escapara y su hermano lo acompañara en esa aventura.

La ficción encontró después una coincidencia inesperada en la vida real. En un principio Efrén sería uno de los protagonistas, pero al conocer al niño que actuaría junto a él descubrieron que tenía un hermano mayor y que ambos atravesaban una situación semejante a la planteada en el guion. El equipo decidió poner a los dos frente a la cámara. “La química entre hermanos, pues, ahí estaba”, recuerda Paula.

Parte de “Esto no es el mar” se filmó en Chupícuaro, a la orilla del lago de Pátzcuaro, un lugar especial para Paula y que desde antes quería convertir en escenario. “Parece mar, literal hay olitas, hay un oleaje muy extraño, hay como arenita”, describe. Durante el rodaje también apareció la lluvia y lo que inicialmente podía convertirse en un problema terminó aportando a la película. “La lluvia nos ayudaba justamente a la emoción que queríamos transmitir”, explica.

Pero el elemento que los tres repiten al hablar del proceso no es una locación ni una cámara, sino la manera en que se entienden. Comparten referencias, gusto por los espacios naturales y una estética semejante. Chema define su trabajo como llevar las ideas de dirección a la imagen procurando “no solo que se vea bonito, sino que sí te cuente algo”; Paula lo resume desde la relación del equipo: “Nos entendemos tan bien que a veces no tenemos que imponer nada, simplemente fluye muy bonito”.

Esa relación profesional mantiene un punto de encuentro con la UVAQ, pero ha seguido creciendo fuera de las aulas mediante proyectos propios. Un año antes varios de ellos ya habían participado en Ventura 429, también seleccionado por el FICM. Ahora regresan con un cortometraje concebido expresamente para esta edición y con una historia cuya complicidad frente a cámara parece encontrar un reflejo detrás de ella: “Tenemos mucha confianza en las decisiones que el otro está tomando”, explica Efrén.

“Esto no es el mar” quedó entre los siete cortometrajes seleccionados de la Sección Michoacana del 24 FICM. Para el equipo, volver al festival significa también comprobar que esa manera colectiva de construir historias puede encontrar lugar en una de las principales pantallas del cine mexicano. Como resume Efrén: “Demostrarnos que las ideas que tenemos y que el trabajo que cada uno realiza es merecedor de estar en festivales de cine”.

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“Esto no es el mar”: la complicidad de un equipo que vuelve al FICM Morelia, Michoacán.- “Esto no es el mar” comenzó con una intención definida: hacer una historia especialmente para el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). El cortometraje de Paula Ollivier Ortiz y Efrén Villa Cortés consiguió el objetivo y fue seleccionado para la Sección Michoacana de la edición 2026, pero detrás de sus pocos minutos hay también una forma de hacer cine basada en la confianza y en una complicidad que el equipo ha construido proyecto tras proyecto. Paula, docente de la Universidad Vasco de Quiroga (UVAQ), escribió el guion y codirigió junto con Efrén, egresado de la institución; José María “Chema” Cano Sánchez, también egresado, estuvo a cargo de la dirección de fotografía. A ellos se suma Ximena Xolalpa, productora del proyecto e integrante del colectivo De 5 a 7. “Justamente el corto lo hicimos para el festival”, cuenta Paula sobre una película que, desde su origen, tuvo al FICM como destino. La historia sigue a dos hermanos y la complicidad que surge entre ellos frente a un momento difícil. Su punto de partida está en recuerdos de la infancia de Paula: “Cuando era niña, pues sí hacía berrinches y me escapaba de mi casa”. A partir de ahí apareció la pregunta de qué ocurriría si un niño escapara y su hermano lo acompañara en esa aventura. La ficción encontró después una coincidencia inesperada en la vida real. En un principio Efrén sería uno de los protagonistas, pero al conocer al niño que actuaría junto a él descubrieron que tenía un hermano mayor y que ambos atravesaban una situación semejante a la planteada en el guion. El equipo decidió poner a los dos frente a la cámara. “La química entre hermanos, pues, ahí estaba”, recuerda Paula. Parte de “Esto no es el mar” se filmó en Chupícuaro, a la orilla del lago de Pátzcuaro, un lugar especial para Paula y que desde antes quería convertir en escenario. “Parece mar, literal hay olitas, hay un oleaje muy extraño, hay como arenita”, describe. Durante el rodaje también apareció la lluvia y lo que inicialmente podía convertirse en un problema terminó aportando a la película. “La lluvia nos ayudaba justamente a la emoción que queríamos transmitir”, explica. Pero el elemento que los tres repiten al hablar del proceso no es una locación ni una cámara, sino la manera en que se entienden. Comparten referencias, gusto por los espacios naturales y una estética semejante. Chema define su trabajo como llevar las ideas de dirección a la imagen procurando “no solo que se vea bonito, sino que sí te cuente algo”; Paula lo resume desde la relación del equipo: “Nos entendemos tan bien que a veces no tenemos que imponer nada, simplemente fluye muy bonito”. Esa relación profesional mantiene un punto de encuentro con la UVAQ, pero ha seguido creciendo fuera de las aulas mediante proyectos propios. Un año antes varios de ellos ya habían participado en Ventura 429, también seleccionado por el FICM. Ahora regresan con un cortometraje concebido expresamente para esta edición y con una historia cuya complicidad frente a cámara parece encontrar un reflejo detrás de ella: “Tenemos mucha confianza en las decisiones que el otro está tomando”, explica Efrén. “Esto no es el mar” quedó entre los siete cortometrajes seleccionados de la Sección Michoacana del 24 FICM. Para el equipo, volver al festival significa también comprobar que esa manera colectiva de construir historias puede encontrar lugar en una de las principales pantallas del cine mexicano. Como resume Efrén: “Demostrarnos que las ideas que tenemos y que el trabajo que cada uno realiza es merecedor de estar en festivales de cine”. Fotos y video: Alfredo Soria/ACG.

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