Entre el desgaste del tiempo y el cambio de hábitos, una de las costumbres más raras de la ciudad empieza a desaparecer. | Foto: Asaid Castro/ACG

Morelia, Michoacán.- En plena avenida Acueducto, frente al Museo de Arte Contemporáneo Alfredo Zalce (MACAZ), se mantiene uno de los puntos urbanos más curiosos de Morelia: el conocido «árbol de los chicles», cubierto durante años por cientos de gomas de mascar pegadas en su tronco.

Este espacio se ha convertido en una especie de intervención urbana espontánea, donde visitantes y transeúntes dejan su chicle como parte de una costumbre no oficial que se ha replicado en distintos puntos del país y del mundo. En el caso moreliano, también ha sido asociado a la idea popular de que al pegar un chicle se puede pedir un deseo, un mito que ha alimentado su carácter simbólico.

Sin embargo, la escena ha cambiado con el tiempo. Aunque el árbol sigue cubierto por capas antiguas de chicles ya opacos y endurecidos por el clima, cada vez son menos los nuevos que se suman, lo que deja ver un desgaste de la tradición entre las nuevas generaciones.

Una joven que transita con frecuencia por la zona comenta que antes era común ver a personas detenerse para dejar su chicle, aunque hoy la práctica le parece más extraña e incluso poco higiénica, reflejando también un cambio en la percepción del espacio público.

El «árbol de los chicles» permanece como un símbolo urbano en transformación: entre la memoria colectiva, los mitos que lo rodean y el paso del tiempo que ha ido borrando, poco a poco, su color original.

¿Llegaste a pegar tu chicle?