Por ACG
MORELIA, Mich.- La tarde comenzó con nervios, pero terminó convertida en una fiesta. Apenas el árbitro marcó el final del encuentro y confirmó la victoria de México por 2-0 sobre Sudáfrica, cientos de aficionados reunidos en Ceconexpo y posteriormente en la fuente de Las Tarascas estallaron en una celebración que se escuchó a varias cuadras de distancia.

Desde horas antes del partido, familias completas, grupos de amigos y aficionados vestidos con playeras verdes, sombreros tricolores y banderas nacionales llegaron al llamado Jalo Futbolero para seguir el debut del representativo mexicano en la competencia internacional. El ambiente era de expectativa, de esos que sólo provoca el futbol cuando juega la selección.
La tensión duró poco. Al minuto ocho llegó el primer gol mexicano y con él una explosión de emociones. Gritos, aplausos y banderas agitadas al aire transformaron el espacio en una auténtica tribuna. Los abrazos surgieron entre familiares, amigos e incluso entre desconocidos unidos por una misma pasión.

Pero el futbol nunca permite relajarse por completo. Cada aproximación de Sudáfrica al área mexicana fue seguida con rostros tensos, manos sobre la cabeza y silencios repentinos. Los suspiros de alivio aparecieron una y otra vez cuando el peligro pasaba y el marcador permanecía intacto.

La tarde también tuvo momentos peculiares. Una interrupción en la señal de la megapantalla provocó la clásica rechifla colectiva y el famoso grito que suele escucharse en los estadios mexicanos. Minutos después, la transmisión volvió y con ella regresó la atención de miles de ojos puestos en el balón.

Fuera de la cancha, la fiesta continuó con actividades para los asistentes. Cuando comenzaron a regalar balones entre el público, decenas de personas corrieron tras ellos. Niños, jóvenes y adultos se lanzaron al suelo entre risas y empujones amistosos para intentar quedarse con uno de los recuerdos de la jornada.

La emoción alcanzó su punto más alto con el segundo gol mexicano. Puños al aire, saltos, sonrisas y abrazos sellaron la confianza de una afición que comenzó a creer en una tarde redonda. El marcador ya no se movería.
Entonces llegó el silbatazo final.

La tensión acumulada durante noventa minutos desapareció de golpe. Los aficionados levantaron los brazos, cantaron, ondearon banderas y celebraron los primeros tres puntos del torneo. Mientras por las bocinas sonaba “México”, de Timbiriche, el ánimo seguía creciendo.

La fiesta no terminó en Ceconexpo. Conforme avanzaban los minutos, decenas de seguidores se trasladaron a la emblemática fuente de Las Tarascas, donde los cláxones, los cánticos y las banderas volvieron a tomar las calles del centro de Morelia. Automovilistas y peatones compartieron la misma alegría: México había cumplido con la tarea.

Por una noche, la capital michoacana se vistió de verde, blanco y rojo. El triunfo apenas representa el primer paso en el torneo, pero bastó para devolver la ilusión a una afición que sueña con seguir celebrando.

Y mientras las voces se perdían entre el ruido de los automóviles y los ecos de los festejos, una sensación quedó flotando en el ambiente: la esperanza de que esta historia apenas esté comenzand

Fotos Asaid Castro, Alfredo Soria y FelixMadrigal/ACG



