Por Asaid Castro/ACG
En el centro de Morelia, donde el concreto ha ido cubriendo la memoria, la calle García Pueblita permanece como una grieta en el tiempo: piedras irregulares, algunas fachadas antiguas y un silencio que no es común en el primer cuadro.
A unos pasos de la avenida Héroes de Nocupétaro, el ruido cambia de golpe. El asfalto termina y comienza el empedrado.

Los autos reducen la velocidad, brincan, se sacuden. Entre varios textos web, al parecer la historia de esta calle se remonta, al menos, a 1794, cuando era conocida como el Callejón del Sauz. En aquel entonces, dividía el Río Grande de un convento carmelita y formaba parte de la traza original de la antigua Valladolid. Con el paso del tiempo cambió hasta adoptar en 1929 el de García Pueblita, en honor a un luchador republicano michoacano.
Una cápsula de piedra

Caminar por García Pueblita es caminar sobre piedras redondeadas colocadas hace más de un siglo. El empedrado, introducido como mejora urbana entre finales del siglo XIX y principios del XX, tenía una función práctica: permitir la filtración del agua y evitar los lodazales en temporada de lluvias.
Hoy, ese mismo sistema sigue funcionando. Las casas que rodean la calle, de cantera, de muros gruesos y con musgo, han resistido mejor la humedad que muchas otras del centro donde el concreto sustituyó la piedra. La calle no solo es estética: también es una lección de ingeniería antigua.

Entre locales y sombra

La calle no está vacía. Una camioneta de carga avanza con dificultad. En una esquina, aparece un edifico parecido a una vecindad, más adelante una tienda enrejada, un taller de herrería y hasta un taller mecánico cuelan el sonido metálico del trabajo. Desde las casas se llegan a escuchar algunas puertas abriéndose, y los pasos de gente caminando por la banqueta. La vida cotidiana sigue, aunque el escenario parezca detenido.

García Pueblita tiene apenas unos 250 metros, pero concentra siglos. Es una rareza escondida entre oficinas, edificios de cantera y las avenidas concurridas del Centro Histórico. Basta doblar una esquina en Morelos Norte, para encontrarse con ella y un “mini-acueducto” que recibe la entrada, como si la ciudad hubiera olvidado cubrir ese fragmento.
Fotos Asaid Castro/ACG



