Por Félix Madrigal 

Morelia, Michoacán.- Caminar por las calles de Morelia puede ser una actividad cotidiana para la mayoría de las personas, pero para quienes viven con discapacidad visual cada trayecto implica concentración, precaución y, muchas veces, enfrentar riesgos que podrían evitarse con una ciudad mejor adaptada.

Paola, quien tiene baja visión, y Sergio, con ceguera total, relatan que desplazarse por la capital michoacana representa un desafío constante. Subir y bajar escaleras, cruzar avenidas o simplemente avanzar por una banqueta se convierte en una experiencia incierta ante la falta de infraestructura pensada para quienes no pueden guiarse plenamente por la vista.

Ambos coinciden en que uno de los principales obstáculos es cruzar las calles. Explican que en Morelia hacen falta semáforos sonoros inteligentes que indiquen cuándo es seguro avanzar. Para ellos resulta contradictorio que ciudades como Zamora y Uruapan ya cuenten con estos sistemas mientras la capital del estado aún carece de ellos. Señalan que este tipo de herramientas no representan un lujo, sino una necesidad básica para poder desplazarse con seguridad.

El recorrido urbano también está marcado por peligros silenciosos. Coladeras abiertas, registros sin protección y superficies irregulares aparecen de manera inesperada en su camino. Sergio explica que el bastón le permite detectar algunos riesgos a tiempo; sin embargo, recuerda un accidente que marcó su experiencia en la ciudad: tras una caída provocada por la falta de accesibilidad, sufrió lesiones graves que hicieron necesaria una operación. El hecho, asegura, evidencia las consecuencias reales que puede tener una infraestructura urbana que no considera a todas las personas.

Las banquetas, que deberían ser espacios seguros, muchas veces se convierten en barreras. Vehículos mal estacionados, comercios que invaden el paso peatonal o inclinaciones pronunciadas obligan a desviarse hacia la calle, exponiéndose al tránsito vehicular. Aunque consideran que el Centro Histórico ofrece condiciones ligeramente más accesibles, aseguran que en las colonias la situación empeora considerablemente.

Sobre el apoyo ciudadano, reconocen que hay personas que se acercan a ayudar de manera solidaria; sin embargo, consideran que aún falta cultura de inclusión y mayor intervención institucional para garantizar desplazamientos seguros. “No porque tengamos una discapacidad significa que no podamos hacer nuestra vida diaria”, expresan, al insistir en que la autonomía es posible cuando existen condiciones adecuadas.

El mensaje que buscan transmitir es claro: la inclusión no debe limitarse a algunos sectores ni a ciertos tipos de discapacidad. Señalan que muchas de las adecuaciones urbanas existentes están enfocadas principalmente en personas usuarias de silla de ruedas, mientras que la discapacidad visual permanece poco considerada en el diseño de la ciudad.

Para Paola y Sergio, construir una Morelia accesible no solo implica infraestructura, sino también conciencia social. Consideran que pensar en calles seguras, señalización adecuada y respeto a los espacios peatonales permitiría que más personas puedan desplazarse con independencia y dignidad. Subrayan además que, más allá de sus propias experiencias, muchas otras personas con discapacidad visual enfrentan diariamente los mismos obstáculos, riesgos y barreras al intentar recorrer la ciudad.

fotos: Félix Madrigal / ACG.