•⁠ ⁠Alfredo Soria/ACG.

Morelia, Michoacán.- A los 14 años, Mariana Olivares entró por primera vez a un quirófano. Frente a ella, una paciente consciente y con dolor esperaba una cirugía que cambiaría su vida. “Desde que la vi sentí esa necesidad de ayudar”, recuerda. Aquella experiencia temprana, a la que fue invitada por una tía que trabajaba con un neurocirujano, marcó el rumbo de una decisión que ya rondaba su cabeza desde niña: estudiar Medicina.

Originaria de Morelia y con 21 años de edad, Mariana cursa el octavo semestre de la licenciatura en Medicina en la Universidad Vasco de Quiroga (UVAQ). Se describe como una persona inquieta y curiosa, alguien que fuera del aula disfruta aprender cosas nuevas y buscar distintas formas de entender el mundo. Esa inquietud, dice, la ha acompañado durante toda la carrera y la ha llevado a no conformarse con una formación limitada al aula.

El tránsito de la teoría al hospital ha sido uno de los momentos más determinantes de su proceso. En el preinternado, la medicina dejó de ser sólo estudio y se volvió contacto directo con las personas. “Ya no es un caso, es una persona, es alguien que siente”, explica. En ese contexto, la exigencia principal ha sido mantener la humanidad frente al paciente y entender que cada uno representa una historia distinta que requiere atención particular.

Paralelo a la formación clínica, Mariana ha construido un perfil ligado a la investigación científica. En el verano de 2025 realizó una estancia en Armenia, Colombia, a través del Programa Delfín, en el que participa la UVAQ. Ahí trabajó en un laboratorio con un proyecto sobre cicatrización de heridas crónicas, a partir del análisis de un péptido derivado de un escarabajo. La experiencia, afirma, fue un aprendizaje profundo. “Te das cuenta de que no lo sabes todo y tienes que aprender a ser paciente contigo”, señala, al recordar el trabajo paso a paso en cultivos celulares y pruebas de laboratorio.

Ese interés por la investigación la llevó a integrarse al proyecto Rapid Reviews, una iniciativa internacional impulsada por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y la Universidad de California en Berkeley, con apoyo de la Fundación Bill y Melinda Gates. Desde México, Mariana colabora en la revisión de preprints científicos, evaluando su metodología y ayudando a identificar revisores especializados. “Son como un previo a un artículo ya revisado”, explica sobre los textos que analiza junto a un equipo internacional.

Su participación en el proyecto derivó en una invitación para conocer de manera presencial la Universidad de Berkeley y al equipo que coordina esta iniciativa. El viaje, que realizará a finales de enero, no implica una estancia académica formal, pero sí el fortalecimiento de vínculos con investigadores y editores científicos. Para Mariana, se trata de “una gran recompensa al esfuerzo”, tras un trabajo que se realiza principalmente a distancia.

Aunque reconoce que aún no tiene definida una especialidad, la medicina interna figura entre sus principales intereses. Al mismo tiempo, no descarta mantener la investigación como parte de su ejercicio profesional. “Una cosa no está peleada con la otra”, afirma, convencida de que la clínica y la ciencia pueden avanzar juntas para mejorar la atención a los pacientes.

A quienes comienzan la carrera o están por decidir su camino, Mariana les aconseja no limitarse. “Que siempre busquen hacer más, que se atrevan a ir detrás de lo que quieren”, dice. En su historia, la Universidad Vasco de Quiroga aparece como el espacio donde encontró información, convocatorias y acompañamiento para ampliar su formación más allá del aula, un punto de partida desde el cual su vocación médica comenzó, poco a poco, a cruzar fronteras.

Fotos: Alfredo Soria/ACG.